En ningún lugar te enseñan qué hacer cuando la vida te disgusta fuertemente y genera en vos un estado de sorpresa alarmante. Nadie te ayuda a sobrellevar la desilusión que a veces genera un vínculo. Tendemos a creer que a lo largo del tiempo todo va a estar mejor al punto de que cuando no lo está, apostamos a que las cosas pueden cambiar y consecuentemente mejorar. Pero ¿qué pasa cuando no lo hacen? ¿Qué sucede cuando del otro lado hay una pared? La irreversibilidad de los hechos me encandila, hace que no pueda sentir otra cosa que no sea tristeza.
Me atrevo a decir que durante todos los años de relación yo entregué, estuve, permití, concedí, disculpé y acepté pero cuando pude mirar todo desde otra perspectiva, ahí fue cuando no me sentí nada bien entonces hablé solicitando un cambio, tal vez una reconsideración de movimientos (cual manotazo de ahogado) pero fue sin sentido porque a quien se lo estaba pidiendo le era imposible decodificar mis palabras, de hecho, creo que jamás lo supo hacer por dos motivos, el primero fue porque se durmió en los laureles sin considerar la idea de que un vínculo se construye día a día desde lo cotidiano y, en segundo lugar, porque su capacidad de atención fue disminuyendo notablemente con el tiempo permitiendo que se le escapen ya no solamente detalles.
Eligió otras prioridades. Quizás un poco me molestó no haber sido parte de esa elección pero la etapa de asimilación por suerte pasó (tiendo a ser bastante obsesiva buscando culpas y echándolas sobre mis hombros) y ahora entiendo que no soy yo quien sale perdiendo.
El factor sorpresa siempre es lo que queda resonando en mi cabeza. Yo creo tanto en la gente que elijo que cuando pasan cosas como las que acabo de describir me lleva mucho tiempo dejar de estar tan sorprendida… No, no esperaba este desenlace, en verdad no esperaba ni quería un desenlace.
Esas situaciones cotidianas que logran exasperarnos al borde de un colapso nervioso y que después, irónicamente, quedan en la memoria... No hay duda, somos animales de costumbre y repetición.
Machaque del momento
- REIKI
miércoles, 29 de diciembre de 2010
lunes, 6 de diciembre de 2010
¡Qué compra difícil!
Para una mujer, la compra de indumentaria más difícil de cada año es, sin dudas, la de la malla.
Parece mentira que haya pasado un año desde aquel momento cuando a fin del año pasado decidí que iba a seguir con las mallas que tenía en mi placard durante ese nueva temporada porque ninguna de las que me estaba probando me quedaba bien. Hace dos años que evito enfrentarme a dicha compra. Hasta hoy.
Lo cierto es que las bikinis que tengo ya están gastadas y con arena entre el tejido, precisaba una malla presentable. La primera idea que tuve fue comprar una malla entera, tal como la que uso para ir a natación. Me probé una y la verdad es que no me desagradó sin embargo cuanto más me miraba al espejo, mayor intensidad cobraba el pensamiento de que acceder a dicha compra era prácticamente rendirme ante lo que veía, dejar de intentar, esconderme detrás de más tela.
La vendedora, Rafaela, se acercó a mi probador y me dijo: “sos demasiado joven para esconderte detrás de una malla entera”. Fue tan dulce, tan maternal y tan acorde a la línea de pensamiento que estaba esbozando recientemente que accedí y terminé, después de dar un par de vueltas, eligiendo una bikini linda y sencilla, que honestamente no disimula nada pero lo que deja ver, es lo que hay. Al fin y al cabo, de eso trata todo, de la autenticidad, de lo real, de lo que tengo.
No voy a hacer otra vez la promesa anual de intentar verme mejor el próximo verano porque me conozco y no quiero desilusionarme más pero al menos, voy a tratar, sí, eso sí.
Parece mentira que haya pasado un año desde aquel momento cuando a fin del año pasado decidí que iba a seguir con las mallas que tenía en mi placard durante ese nueva temporada porque ninguna de las que me estaba probando me quedaba bien. Hace dos años que evito enfrentarme a dicha compra. Hasta hoy.
Lo cierto es que las bikinis que tengo ya están gastadas y con arena entre el tejido, precisaba una malla presentable. La primera idea que tuve fue comprar una malla entera, tal como la que uso para ir a natación. Me probé una y la verdad es que no me desagradó sin embargo cuanto más me miraba al espejo, mayor intensidad cobraba el pensamiento de que acceder a dicha compra era prácticamente rendirme ante lo que veía, dejar de intentar, esconderme detrás de más tela.
La vendedora, Rafaela, se acercó a mi probador y me dijo: “sos demasiado joven para esconderte detrás de una malla entera”. Fue tan dulce, tan maternal y tan acorde a la línea de pensamiento que estaba esbozando recientemente que accedí y terminé, después de dar un par de vueltas, eligiendo una bikini linda y sencilla, que honestamente no disimula nada pero lo que deja ver, es lo que hay. Al fin y al cabo, de eso trata todo, de la autenticidad, de lo real, de lo que tengo.
No voy a hacer otra vez la promesa anual de intentar verme mejor el próximo verano porque me conozco y no quiero desilusionarme más pero al menos, voy a tratar, sí, eso sí.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
El atroz encanto de ser profesor
¡Un aplauso para la profe! Propuso uno de los alumnos y cinco segundos después ella se puso colorada. Con el fin de desviar las miradas, cambió vertiginosamente el tema de diálogo y continúo con su clase.
Todas las semanas me enfrento a un mismo interrogante ¿Qué tengo yo para decirle a toda esta gente? Después de varios minutos de extenso pensamiento intentando organizar las ideas para plasmarlas en papel y consecuentemente armar una clase, cuando decido sobre qué hablar, automáticamente empiezo a cuestionarme si les resultará relevante lo que tengo para decir. Como no tengo la respuesta para esa pregunta (y prefiero evitar elegir la respuesta yo misma) empiezo a divertirme eligiendo cómo voy a presentar los contenidos casi con el mismo entusiasmo que tiene quien quiere sorprender a un otro al relatar una anécdota. Después de atravesar esta situación durante varios meses llegué a la conclusión de que en la lucha contenido versus forma, no siempre sale victorioso el contenido sino todo lo contrario. Estamos tan rodeados de estímulos que a medida que pasa el tiempo es más difícil llamar la atención, despertar debates o generar incentivo.
Entusiasmo, interrogantes, desarrollo y debate sugiero y, créanme que, ellos no sólo lo aceptan sino que se comprometen. Opinan, juzgan, critican, preguntan, anotan…
Qué lindo que es tener algo para decir. Qué lindo que es tener quién lo escuche. Qué lindo que es estar enseñándole algo a alguien Y qué lindo que es que valoren tu aporte.
Todas las semanas me enfrento a un mismo interrogante ¿Qué tengo yo para decirle a toda esta gente? Después de varios minutos de extenso pensamiento intentando organizar las ideas para plasmarlas en papel y consecuentemente armar una clase, cuando decido sobre qué hablar, automáticamente empiezo a cuestionarme si les resultará relevante lo que tengo para decir. Como no tengo la respuesta para esa pregunta (y prefiero evitar elegir la respuesta yo misma) empiezo a divertirme eligiendo cómo voy a presentar los contenidos casi con el mismo entusiasmo que tiene quien quiere sorprender a un otro al relatar una anécdota. Después de atravesar esta situación durante varios meses llegué a la conclusión de que en la lucha contenido versus forma, no siempre sale victorioso el contenido sino todo lo contrario. Estamos tan rodeados de estímulos que a medida que pasa el tiempo es más difícil llamar la atención, despertar debates o generar incentivo.
Entusiasmo, interrogantes, desarrollo y debate sugiero y, créanme que, ellos no sólo lo aceptan sino que se comprometen. Opinan, juzgan, critican, preguntan, anotan…
Qué lindo que es tener algo para decir. Qué lindo que es tener quién lo escuche. Qué lindo que es estar enseñándole algo a alguien Y qué lindo que es que valoren tu aporte.
sábado, 14 de agosto de 2010
Mi abuelo está enamorado
Hoy es un sábado frío y gris en la ciudad, salí a caminar y cuando eran cerca de las cinco de la tarde, llamado de por medio, me invité a tomar el té a la casa de una de las personas que más admiro en el mundo: mi abuelo.
Mi abuela materna falleció hace más de seis años. Su muerte fue algo tan trágico, triste e inesperado que creo que aún no pude elaborar el duelo como debería haberlo hecho. A cada uno de nosotros nos lleva un tiempo diferente entender cómo de un momento para el otro, una persona increíble con todo su despliegue emocional, intelectual y físico puede desaparecer (porque para mí dejar de existir es desaparecer). Tengo que admitir que hay muchas cosas que me llevan un tiempo considerable hasta que las acepto y su muerte no fue el único ejemplo
Mi abuelo tiene 83 años y una novia cuatro años menor que él. Al principio, entender el por qué de esa realidad era algo que me generaba negación y, en algunas circunstancias, dolor porque, infantilmente, creía que ella ocupaba el lugar de mi abuela cuando en verdad no es así.
Hoy mi abuelo tiene ganas de vivir, de proyectar, de planear, de viajar, de divertirse, todo porque está enamorado. Tiene una novia y lo vive como se disfruta aquel primer noviazgo en la adolescencia, sólo que a diferencia de ese entonces, el cuerpo ya no es el mismo y la experiencia les ha dado buenas razones por las cuales aprovechar cada minuto que pasan juntos como si fuera único.
De la vida de ella conozco hasta donde ella nos muestra y la verdad es que después de pensar varias veces en el tema, llegué a la conclusión de que no me importa como sea ella sino las emociones y los sentimientos que le genere a mi abuelo. Cuando él habla de ella se le ilumina la cara, veo en sus ojos un brillo que inspira tanta ternura… que logro entenderlo todo. Y sin embargo, como soy la típica clase de personas que le gusta preguntar todo, le dije: “abuelo ¿La extrañas a la abuela?” Y ¿saben qué me respondió? “Querida, yo me casé una vez en la vida y fue con la abuela, la respeté, la cuidé y la amé cada día que vivió. Hoy estoy conociendo a una muy buena persona con quien nos acompañamos, paseamos, charlamos y nos reímos, nos reímos tanto…”
Y sí, está feliz, está contento y a mí me llena el alma pensar en que a su edad pueda hablar y sentirse así, permitirse estar en donde quiere estar.
Me llena de entusiasmo, es un lindo ejemplo el de mi abuelo.
Mi abuela materna falleció hace más de seis años. Su muerte fue algo tan trágico, triste e inesperado que creo que aún no pude elaborar el duelo como debería haberlo hecho. A cada uno de nosotros nos lleva un tiempo diferente entender cómo de un momento para el otro, una persona increíble con todo su despliegue emocional, intelectual y físico puede desaparecer (porque para mí dejar de existir es desaparecer). Tengo que admitir que hay muchas cosas que me llevan un tiempo considerable hasta que las acepto y su muerte no fue el único ejemplo
Mi abuelo tiene 83 años y una novia cuatro años menor que él. Al principio, entender el por qué de esa realidad era algo que me generaba negación y, en algunas circunstancias, dolor porque, infantilmente, creía que ella ocupaba el lugar de mi abuela cuando en verdad no es así.
Hoy mi abuelo tiene ganas de vivir, de proyectar, de planear, de viajar, de divertirse, todo porque está enamorado. Tiene una novia y lo vive como se disfruta aquel primer noviazgo en la adolescencia, sólo que a diferencia de ese entonces, el cuerpo ya no es el mismo y la experiencia les ha dado buenas razones por las cuales aprovechar cada minuto que pasan juntos como si fuera único.
De la vida de ella conozco hasta donde ella nos muestra y la verdad es que después de pensar varias veces en el tema, llegué a la conclusión de que no me importa como sea ella sino las emociones y los sentimientos que le genere a mi abuelo. Cuando él habla de ella se le ilumina la cara, veo en sus ojos un brillo que inspira tanta ternura… que logro entenderlo todo. Y sin embargo, como soy la típica clase de personas que le gusta preguntar todo, le dije: “abuelo ¿La extrañas a la abuela?” Y ¿saben qué me respondió? “Querida, yo me casé una vez en la vida y fue con la abuela, la respeté, la cuidé y la amé cada día que vivió. Hoy estoy conociendo a una muy buena persona con quien nos acompañamos, paseamos, charlamos y nos reímos, nos reímos tanto…”
Y sí, está feliz, está contento y a mí me llena el alma pensar en que a su edad pueda hablar y sentirse así, permitirse estar en donde quiere estar.
Me llena de entusiasmo, es un lindo ejemplo el de mi abuelo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Pausa Romántica
Cuando una mujer se predispone a pasar todo un día entero en su casa trabajando en material de redacción es sabido que llega un punto en el que hace una pausa para algo. En mi caso, hoy la pausa la caratulo como romántica. Me serví el fondito del Bailey´s que quedaba en la repisa, le puse un hielo y, mientras se enfriaba, busqué el mejor CD de Luís Miguel (Primer romance) y bailé lento sola con el Bailey´s en la mano derecha.
Muchas mujeres negamos la existencia de este tipo de momentos. Si bien es cierto que la mayoría del tiempo me gusta escuchar otro tipo de música, hay ratos en donde “contigo en la distancia”, “la puerta se cerró después de ti” y “Usted es la culpable…” Me hacen pasar un buen rato.
Además jamás voy a darle la razón a mi madre quien es una fan y amante incontrolable del intérprete en cuestión.
Shhhhhh (Estoy re atrasada con el trabajo).
Muchas mujeres negamos la existencia de este tipo de momentos. Si bien es cierto que la mayoría del tiempo me gusta escuchar otro tipo de música, hay ratos en donde “contigo en la distancia”, “la puerta se cerró después de ti” y “Usted es la culpable…” Me hacen pasar un buen rato.
Además jamás voy a darle la razón a mi madre quien es una fan y amante incontrolable del intérprete en cuestión.
Shhhhhh (Estoy re atrasada con el trabajo).
viernes, 30 de julio de 2010
Descubri-miento
Los cinco últimos descubrimientos que hice en mi vida y apliqué a mis usos cotidianos:
1)Reemplacé el azúcar blanco por azúcar negra. Es RIQUISIMO!
2)Reemplacé la ensalada mixta por la de rúcula, queso y tomate. Una GLORIA.
3)Perdí el miedo al gas y empecé a dejar la estufa prendida a la noche. CERO CONTRACTURA.
4)Los domingos desayuno un café con leche (mitad y mitad) con tres panes franceses tostados con manteca derretida y mermelada de arándanos encima. Un excelente DESPERTAR.
5)Descubrí que a la gente le gusta mi sonrisa. Hoy me regalaron un caramelo por sonreír. FANTASTICO.
1)Reemplacé el azúcar blanco por azúcar negra. Es RIQUISIMO!
2)Reemplacé la ensalada mixta por la de rúcula, queso y tomate. Una GLORIA.
3)Perdí el miedo al gas y empecé a dejar la estufa prendida a la noche. CERO CONTRACTURA.
4)Los domingos desayuno un café con leche (mitad y mitad) con tres panes franceses tostados con manteca derretida y mermelada de arándanos encima. Un excelente DESPERTAR.
5)Descubrí que a la gente le gusta mi sonrisa. Hoy me regalaron un caramelo por sonreír. FANTASTICO.
sábado, 24 de julio de 2010
De canillita a campeón
Hay mucha gente que cuando te cuenta su historia hace hincapié en que de un momento al otro de tener nada pasó a tenerlo todo. El común denominador entre este grupo de personas es que el secreto del éxito ninguno de ellos te lo da, no por generar misterio sino porque creo que no lo tienen. Desconfío por completo de que ese secreto exista, es una excusa para no asumir la manera ilícita en la que llenaron sus bolsillos y sus casas o para no reconocer el esfuerzo y sacrificio que han hecho para estar sentados en la silla en la que se encuentran. A veces me pregunto ¿sentirán vergüenza de haberse esforzado? En fin…
Hace unos días mantuve una conversación con una persona que demuestra llevarse el mundo por delante y, si bien no me atreví a decirle en la cara lo que sentí al escucharlo, admito que toda su fantochada me generó bastantes ideas. Una de ellas es anular el mito existente de que de la noche a la mañana uno vaya a lograr estar en donde quiere estar.
Los materialistas quizás entiendan el concepto de campeón en números o pertenencias, yo lo entiendo como la consecución satisfactoria de un objetivo, de una idea, de un sueño, de una ilusión. Y ¿Cómo es la forma para lograrlo? No tengo la más remota idea pero por ignorar dicha respuesta, no voy a darme por vencida al contrario voy a mantener encendido el deseo y, paso a paso, voy a llegar a puerto. Aseguro que una vez que lo haga, me voy a permitir contar si esa llegada fue a un muelle agradable, tétrico o lo suficientemente hermoso como para quedarme a pasar por sus alrededores.
Hace unos días mantuve una conversación con una persona que demuestra llevarse el mundo por delante y, si bien no me atreví a decirle en la cara lo que sentí al escucharlo, admito que toda su fantochada me generó bastantes ideas. Una de ellas es anular el mito existente de que de la noche a la mañana uno vaya a lograr estar en donde quiere estar.
Los materialistas quizás entiendan el concepto de campeón en números o pertenencias, yo lo entiendo como la consecución satisfactoria de un objetivo, de una idea, de un sueño, de una ilusión. Y ¿Cómo es la forma para lograrlo? No tengo la más remota idea pero por ignorar dicha respuesta, no voy a darme por vencida al contrario voy a mantener encendido el deseo y, paso a paso, voy a llegar a puerto. Aseguro que una vez que lo haga, me voy a permitir contar si esa llegada fue a un muelle agradable, tétrico o lo suficientemente hermoso como para quedarme a pasar por sus alrededores.
lunes, 19 de julio de 2010
Vos ¿sos Tita o Rhodesia?
El mundo siempre se divide en dos. Tengo en la cabeza infinidad de ejemplos que justifican que pertenecés a un bando o pertenecés al otro.
El punto al que voy es que en una divertida reunión entre amigos empezamos a mencionar ejemplos que dividían al grupo en dos, membrillo versus batata, cerveza versus vino, montaña versus mar, entre otros. El más conflictivo resultó ser el ejemplo que da título a estas palabras.
Yo les pregunto a ustedes ¿qué prefieren Tita o Rhodesia?
Descubrí que el mundo se separa entre TITA y RHODESIA.
¡Yo soy RHODESIA a muerte!
Para comer una tita prefiero mil veces la galletita de limón cubierta con chocolate de Havanna.
El punto al que voy es que en una divertida reunión entre amigos empezamos a mencionar ejemplos que dividían al grupo en dos, membrillo versus batata, cerveza versus vino, montaña versus mar, entre otros. El más conflictivo resultó ser el ejemplo que da título a estas palabras.
Yo les pregunto a ustedes ¿qué prefieren Tita o Rhodesia?
Descubrí que el mundo se separa entre TITA y RHODESIA.
¡Yo soy RHODESIA a muerte!
Para comer una tita prefiero mil veces la galletita de limón cubierta con chocolate de Havanna.
martes, 13 de julio de 2010
Me gustás ¿y qué?
Esta tarde mientras iba caminando, muerta de frío, a dar clase estaba pensando en cuáles son los parámetros indicadores de que EL es la persona indicada. No hay lógica o raciocinio que pueda operar en esta consigna, creo que todo se reduce meramente a lo senso-perceptivo ¿verdad?
El enamoramiento, el amor, las risas, las comidas, las intimidades, los viajes, los llantos, los planes, las fotos, los bailes, las cartas, los regalos, la compañía. ¡Qué conceptos tan inmensos algunos de éstos! Si quisiera puedo brindar horas de descripción de cada uno de ellos y, ahora mientras los pienso, siento un escalofrío correr desde los dedos en punta de mis pies hasta la cabeza y juro que se me hielan las venas conduciéndome a sonreír de nervios, creo. Después de tanto tiempo amo ponerme nerviosa al pensar en vos, de alguna forma me remite a esas mariposas en la panza de los primeros meses, me encanta.
Me encanta como me gustás. ME ENCANTA.
El enamoramiento, el amor, las risas, las comidas, las intimidades, los viajes, los llantos, los planes, las fotos, los bailes, las cartas, los regalos, la compañía. ¡Qué conceptos tan inmensos algunos de éstos! Si quisiera puedo brindar horas de descripción de cada uno de ellos y, ahora mientras los pienso, siento un escalofrío correr desde los dedos en punta de mis pies hasta la cabeza y juro que se me hielan las venas conduciéndome a sonreír de nervios, creo. Después de tanto tiempo amo ponerme nerviosa al pensar en vos, de alguna forma me remite a esas mariposas en la panza de los primeros meses, me encanta.
Me encanta como me gustás. ME ENCANTA.
miércoles, 23 de junio de 2010
¡Vamos Argentina!
Actualmente la vida se divide en dos tiempos, por un lado están los momentos en donde juega el equipo argentino y, por el otro lado, están los momentos en los que no lo está haciendo.
Querido ciudadano, si usted necesita o quiere cualquier tipo de producto o servicio asegúrese de satisfacer dicha necesidad antes o después de cualquier partido porque el mundo, créame, se detiene mientras tanto.
Aparentemente cuando juega la selección, nadie puede hacer otra cosa más que observarla. Los médicos adelantan los turnos, los horarios de trabajo en todos los comercios repentinamente son más flexibles, los bares lanzan promociones para cautivar a los clientes, los taxis se detienen, no hay quien desobedezca a los semáforos y los colectivos llegan todos atrasados. Cuando estamos jugando el mundial todos somos patriotas, todos somos una unidad, ahí sí que todos somos argentinos.
Déjenme decir que me encanta ver los partidos de fútbol de nuestra selección, no estoy quejándome. De hecho, los veo con felicidad, ansiedad y hasta creo que con emoción. El punto al que voy es que me gustaría que ese instinto de unión, solidaridad y empatía lo tengamos más seguido, no cada cuatro años, no me conforma vestir la celeste y blanca únicamente con Diego como DT, sería fabuloso poder decir cada día de nuestra vida: somos argentinos y atrevernos a defenderlo con orgullo. Creo que estamos lejos de lograrlo pero alguna vez oí decir que la esperanza es lo último que se pierde ¿será cierto?
Querido ciudadano, si usted necesita o quiere cualquier tipo de producto o servicio asegúrese de satisfacer dicha necesidad antes o después de cualquier partido porque el mundo, créame, se detiene mientras tanto.
Aparentemente cuando juega la selección, nadie puede hacer otra cosa más que observarla. Los médicos adelantan los turnos, los horarios de trabajo en todos los comercios repentinamente son más flexibles, los bares lanzan promociones para cautivar a los clientes, los taxis se detienen, no hay quien desobedezca a los semáforos y los colectivos llegan todos atrasados. Cuando estamos jugando el mundial todos somos patriotas, todos somos una unidad, ahí sí que todos somos argentinos.
Déjenme decir que me encanta ver los partidos de fútbol de nuestra selección, no estoy quejándome. De hecho, los veo con felicidad, ansiedad y hasta creo que con emoción. El punto al que voy es que me gustaría que ese instinto de unión, solidaridad y empatía lo tengamos más seguido, no cada cuatro años, no me conforma vestir la celeste y blanca únicamente con Diego como DT, sería fabuloso poder decir cada día de nuestra vida: somos argentinos y atrevernos a defenderlo con orgullo. Creo que estamos lejos de lograrlo pero alguna vez oí decir que la esperanza es lo último que se pierde ¿será cierto?
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